Cerdeña, paraíso italiano

Vosotros no lo sabéis, pero D y yo estamos empezando a tomar como tradición escaparnos una semana cada junio para reponer las pilas y cargarnos de energía de cara a los próximos meses veraniegos (ya que nosotros no solemos empezar nuestras vacaciones hasta finales de agosto).

Este año estuvimos decidiéndonos entre Sicilia y Cerdeña. La verdad es que Cerdeña no era nuestra primera opción. Sin embargo, después de indagar unos cuantos ratos en internet para recabar información y opiniones sobre Sicilia, observamos que mucha más gente hablaba maravillas de la otra isla italiana. Esta fue la forma en que finalmente decidimos decantarnos por el paraíso italiano de la Costa Esmeralda.

Efectivamente, organizamos un viaje de 7 días a Cerdeña. Por lo general, solemos organizar el tema del alojamiento mediante las ofertas de páginas web especiales. En este caso actuamos de la misma manera y elegimos una de las propuestas de Weekendesk, empresa con la que ya tenemos bastante experiencia. En la siguiente imagen podéis ver todo lo que incluía esta experiencia de una semana en el norte de la isla:

El Hotel Pulicinu se encuentra en un enclave mágico, rodeado de naturaleza y a apenas 10 minutos de la playa. Sin embargo, como nosotros siempre alquilamos coche (por eso de la independencia a la hora de conocer los alrededores), no nos suponía problema alguno su localización.

Sin embargo, sí que resulta importante destacar que Cerdeña es una isla muy grande (mucho más de lo que yo me imaginaba), y cruzarla de norte a sur supone aproximadamente entre 3 y 4 horas. De hecho, nosotros aterrizamos en el aeropuerto de Cagliari (sur de la isla) y, dado que nuestro hotel se encontraba en el norte, recogimos nuestro coche de alquiler en Europcar-Aeropuerto y comenzamos el viaje hacia Costa Esmeralda (norte de la isla). En total fueron 3 h 30 minutos de travesía.

Volviendo a nuestro alojamiento, la verdad es que acabamos encantados tanto con Weekendesk (como siempre, las experiencias obtenidas al contratar sus servicios han sido inmejorables) como con el propio Hotel Pulicinu. Tal y como se han mencionado más arriba, el hotel es precioso, cuenta con unas vistas de infarto, y el trato del personal es simplemente estupendo. Tan bonito es que, de hecho, suelen organizar allí bodas. El restaurante se divide entre parte interior (por si llueve, hace viento, o simplemente no quieres cenar en la terraza) y parte exterior, en el jardín, donde poder ver con unas vistas perfectas los atardeceres sardos.

El hotel cuenta con piscina privada (muy grande, tranquila, de piedra, rodeada de tumbonas y jardín), donde los camareros del hotel te llevarán cualquier refrigerio que desees. Cabe mencionar que el barman del Pulicinu suele preparar a diario cócteles que lleva a los huéspedes para que los prueben, y proporciona recomendaciones muy acertadas en cuanto a refrigerios se refiere, en función de «cómo te encuentres» ese día.

Las habitaciones también son fantásticas, si bien es cierto que nosotros solo vimos la nuestra. Tal y como se puede observar en la imagen de arriba, una de las ventajas que posee contratar tu alojamiento con páginas de ofertas como Weekendesk es que siempre consigues mejoras no solo a nivel económico, sino también en lo que respecta a calidad y servicios adicionales incluidos. En nuestro caso, además de recibir un detalle de bienvenida, tuvimos la opción de conseguir una mejora de la categoría de nuestro cuarto de forma gratuita. Por ello, aun habiendo pagado por una habitación sencilla, nos dieron otra con vistas al mar y terraza… ¡no sabéis qué bien sienta tomarte una espirituosa en la terraza, viendo cómo cae la noche y escuchando las olas!

Otra de las ventajas de esta oferta en particular (por eso nos decantamos por ella) es que venían incluidos todos los desayunos y las cenas en el hotel. De este modo, podíamos elegir entre quedarnos en el hotel para la última comida del día o bien salir a probar uno de los restaurantes que habíamos encontrado tras nuestra búsqueda exhaustiva por TripAdvisor.

Los desayunos, como casi siempre experimentamos en todos los hoteles donde nos hospedamos, era estilo bufé; eso sí, verdaderamente completo: desde bollería, pasando por huevos cocinados de distintas maneras, diversos tipos de pan, embutidos (italianos, por supuesto), fruta, multitud de bebidas (cafés, zumos, batidos) y cereales.

Las cenas, sin embargo, eran a la carta. Podíamos elegir un primero, un segundo y un postre en las tres opciones que se ofrecían para cada tipo de plato. Muy variado también. Comimos pescados, pastas, carnes y, sobre todo, platos típicos sardos. Lo bueno es que, al prepararlos el hotel y ofrecérnoslos en las cenas, podíamos degustar la cocina local sin tener la obligación de salir a buscarla.

Un maître nos ofrecía recomendaciones cada noche para que probáramos diversos vinos (muchos de ellos locales, claro): blancos, tintos y rosados. Y, si no te sentías muy «católico», siempre podías acudir al comodín de la cerveza. A mí por lo general no me gusta (y eso que he vivido en Bélgica, tiene delito), pero D dice que es una de las más ricas que ha probado nunca: Ichnusa non filtrata (lo de que no esté filtrada es muy importante, pues la normal no sabe tan rica).

Como últimos retoques a esta exhaustiva explicación de nuestro alojamiento y de las decisiones de contratación del viaje, he de decir que comparamos lo que nos habíamos ahorrado por reservar el hotel mediante Weekendesk con respecto al precio ofrecido por el propio hotel en su web, ¡y resulta que nos ahorramos un tercio del importe original! ¡Un tercio! Una barbaridad. La comparativa la hicimos, por supuesto, teniendo en cuenta el servicio que finalmente recibimos nosotros: habitación superior con vistas al mar y media pensión. ¿Ahora te convence más nuestra elección?

¿Lo mejor de todo? Casi siempre Weekendesk te permite cancelar un par de días antes del viaje sin coste alguno. Nosotros no solemos tener imprevistos, si bien es cierto que nuestras vidas son un verdadero tiovivo: D y yo vivimos en países diferentes y ambos tenemos un ritmo de vida bastante acelerado.

Ahora, vayamos a lo interesante: Cerdeña.

Como ya he comentado, nos decantamos por el Hotel Pulicinu que se encuentra en Costa Esmeralda (una de las más reconocidas de Cerdeña, pues es donde suele veranear la crème de la crème de Italia). La razón de nuestra elección (otra de muchas, ya veis) es que observamos que la mayoría de las playas y calas se encontraban concentradas en esta zona. No me malinterpretéis: observé que hay una enorme cantidad diseminada por toda la costa de la isla. Sin embargo, al darnos cuenta de los importante que eran las distancias en esta isla (sobre todo por lo bien cuidadas que están las carreteras, guiño), decidimos elegir una localización para alojarnos que no nos supusiera enormes palizas cada día para visitar diferentes playas y así conocer cierta variedad de nuestro destino vacacional. Y no nos equivocamos, eso seguro.

A continuación, os indico un listado de nuestro «cuaderno de bitácora» en Cerdeña, donde podréis observar las playas en las que estuvimos, los restaurantes que catamos, y los planes que organizamos día a día:

Cuaderno de bitácora

Día 1. Gran Pevero (playa) con un chiringuito fantástico. Cerveza + copa blanco + agua y aperitivo = 7 €. Comimos en La Briciola: unas pizzas muy buenas y unos calamares de entrante. El mejor limoncello que hemos tomado hasta ahora. Un precio muy razonable, por cierto. El restaurante lo encontramos en TripAdvisor (como la mayoría a los que fuimos) y fue un acierto en toda regla. Repetimos.

Día 2. Spaiggia del Príncipe. Fantástica la playa; de hecho, creo que la más bonita hasta ahora. También tienen chiringuito para el vermú de las 12.00. La playa resulta de difícil acceso, pero merece la pena. Caminamos como 20 minutos desde el estacionamiento. Si no hace mucho calor se puede hacer la travesía sin problema.

Comimos en la Trattoria da Patrizia unas gambas rojas que te mueres, un carpaccio de emperador (espectacular) y una especie de pasta-arroz con marisco llamado fragola (es un plato sardo). Muy muy bueno todo. El restaurante no es gran cosa (casi parece un bar-taberna de pueblo, pero puedo garantizar que el producto es de gran calidad, así como las elaboraciones y la presentación.

Día 3. Spaggia Romazzino. La playa es muy bonita, pero nos decepcionó que tan solo tiene un restaurante que pertenece al hotel que da directamente a la playa. En este hotel (creo que era una RIU) te ofrecen poder comer, aunque no seas huésped, pero ojo: tienen un precio cerrado de 200€/comensal. De hecho, tuvimos que preguntar por el precio dos veces porque no nos lo creíamos, ya que era para comer en el restaurante de la playa estilo bufé. Por ello, decidimos quedarnos un poco más en la playa y después marcharnos a otra zona a comer.

Nos decantamos por una de nuestras propuestas investigadas en TripAdvisor que quedaba muy, muy cerquita de la playa: Frades la Terraza. El sitio es precioso y posee unas vistas espectaculares. Pedimos una tabla de 3 embutidos y 3 quesos sardos, así como un tartar de atún a la catalana (con gazpacho) y ensalada de burrata con tomates cherries. Un vino rosado recomendado por la camarera que estaba buenísimo. El sitio de verdad que merece la pena, incluso para ir a tomar una copa. Tiene dentro también charcutería para comprar productos sardos. El trato inmejorable, btw. Salimos a unos 20 € por persona, teniendo en cuentas las exquisictes que tomamos… ¡muy barato!

Por la tarde estuvimos en Porto Cervo conociendo el pueblo. Es precioso, pero artificial, para gente muy, muy, muy adinerada (exposiciones de Rolls-Royce, tiendas de lujo, Balenciaga, Gucci, Prada, Cartier…), como un Cannes o Saint Tropez.

Día 4. Cala Battistioni. Está a cinco minutos del Hotel Pulicinu y es grande y muy bonita también. Más familiar que la demás. Hay multitud de restaurantes alrededor (la playa está dentro del propio pueblo, Baja Sardinia). Nosotros nos guiamos por TripAdvisor, como siempre, y comimos fuera de la plaza de la playa, en Foodie Eccellenze Italiane, pues teníamos antojo de pizza. Se trata de un restaurante sin tantas pretensiones, pero la pizza estaba espectacular y los precios fueron razonables (20 € por persona; pizzas a 10-12 €).

Día 5. Fuimos a cala Capriccioli. Muy bonita; de hecho, fue la más bonita de todas. Es pequeñita y no tiene servicio de tumbonas, pero sí una arboleda. Comimos en un bar de al lado, muy, muy normalito, pero barato (Il Pirata). Estuvimos todo el día en esta cala, disfrutando del agua esmeralda y del sol.

Por la noche, cenamos en Aruana Churrascaría (el brasileño más famoso de Cerdeña). El rostizio es estilo bufé (es decir, te van trayendo distintas carnes hechas a la brasa a tu mesa), pero merece la pena. La carne estaba muy, muy buena y te traen multitud de tipos. También tienen un antipasti muy bueno. Todo el menú es cerrado y no incluye las bebidas. Salimos a 42€ persona sin contar con la botella de tinto que pedimos para acompañar a las carnes tan ricas que tomamos.

Día 6. Cala Liscia Ruja. Una zona muy bonita también; familiar, pero tranquila. Comimos en el restaurante de la playa, White Beach Bar Liscia Ruja (calidad, con pesca del día). El chiringuito era ciertamente caro, pero también porque, como después nos enteramos, esta cala suele ser visitada por una gran cantidad de «personalidades». Dado que la cala tan solo cuenta con este espacio para picotear, pueden establecer el precio que deseen; sin embargo, a su favor diré que al menos la calidad se mantuvo en todo momento, tanto desde el punto de vista gastronómico como de servicio.

Esa noche decidimos ir a una pizzería que se encontraba en un pueblo interior de la isla, San Pantaleo, a media hora de nuestro hotel. Se trata de la Pizzería Trattoria Ichnos. Como siempre, tomamos esta decisión por la recomendación de TripAdvisor cuando determinamos que esa noche «estábamos de pizza» (somos muy pizzeros, tal y como se puede observar). Tomamos una pizza cada uno, varias bebidas y cafés como postre y… ¡sorpresa! No llegamos a 20 € por persona. ¿La razón? Está en un pueblo pequeñito, interior, poco conocido (el pueblo, a diferencia del restaurante) y, por tanto, los precios van más acorde con la realidad italiana.

Día 7. Como el último día en Cerdeña hizo mal tiempo, decidimos ir a una bodega con viñedo que estaba al lado del hotel (Vigne Surrau). Estaba todo pensado, ¡por supuesto! Decidimos acercarnos para ver si podíamos hacer una cata o al menos una visita guiada. Tan solo pudimos probar los vinos de la bodega por falta de tiempo para las visitas que ya estaban organizadas. Probamos cada uno tres blancos y tres tintos locales, y estaba ¡espectaculares!

Dado que se trataba de nuestro último día en la isla, volvimos a comer en La Briciola porque nos quedamos con ganas de tomar uno de los platos que ofrecen: pasta con langosta. Sabíamos que allí lo hacen muy rico y, efectivamente, no nos equivocamos. Junto con las bebidas, los cafés y el limoncello de turno, la comida nos salió a 67 € entre los dos. La verdad es que es un precio nada insensato si tenemos en cuenta el plato principal que tomamos (la calidad se paga).

 

Conclusión

Tal y como se puede apreciar a lo largo de toda esta entrada, fue una experiencia increíblemente satisfactoria. Disfrutamos de buena comida, buena bebida y mejor experiencia de playas y calas, con todo lo que esta isla tiene por ofrecer. Es cierto que la zona en la que estuvimos es de las más caras de Cerdeña (Costa Esmeralda), por las razones explicadas anteriormente. Sin embargo, redujimos los costes con la opción de elegir el alojamiento mediante Weekendesk y realizando búsquedas inteligentes en TripAdvisor para comer y cenar. ¡Viaje 10!

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